Analizaremos las razones por las que la mortalidad cardiovascular ha disminuido de forma sostenida a lo largo de los siglos XX y XXI, hasta el punto de que en 2024, por primera vez en España, los tumores superaron a las enfermedades cardiovasculares como principal causa de muerte. Este hito culmina un proceso iniciado a mediados del siglo XX, cuando la mortalidad cardiovascular cuadruplicaba la actual, y es resultado de la confluencia de avances científicos, médicos, tecnológicos y sociopolíticos.

Un punto de inflexión decisivo fue la creación del Framingham Heart Study en 1948, que permitió identificar los principales factores de riesgo cardiovascular modificables. El control progresivo de estos factores, junto con campañas de salud pública, ha sido clave para reducir la incidencia y mortalidad de estas enfermedades.

Durante la primera mitad del siglo XX, la enfermedad valvular reumática fue una causa predominante de mortalidad cardiovascular. La mejora de la salud pública, la prevención y el desarrollo de la cirugía valvular han llevado a su práctica desaparición en España, donde no se registran brotes de fiebre reumática aguda desde hace cuatro décadas.

La revolución farmacológica ha sido otro pilar fundamental. Fármacos históricos como la digoxina, la aspirina y la nitroglicerina sentaron las bases del tratamiento cardiovascular. Sin embargo, la gran transformación se produjo en la segunda mitad del siglo XX con la aparición de diuréticos, anticoagulantes, fibrinolíticos, betabloqueantes, antagonistas del calcio, inhibidores de la ECA y estatinas. Más recientemente, los inhibidores SGLT2 y los agonistas GLP-1 han ampliado los beneficios cardiovasculares y renales..

Los avances diagnósticos, desde el estetoscopio hasta la radiología, el electrocardiograma, el cateterismo cardíaco y las modernas técnicas de imagen como la ecocardiografía, la tomografía computarizada y la resonancia magnética, han permitido diagnósticos más precisos y el desarrollo de terapias intervencionistas y dispositivos implantables.
El desarrollo de la cirugía cardiovascular y del intervencionismo percutáneo, junto con la creación de las unidades coronarias, ha reducido de forma drástica la mortalidad por infarto agudo de miocardio, alcanzando hoy tasas de supervivencia cercanas al 85%.

Finalmente, la consolidación de un sistema sanitario complejo, la formación médica especializada mediante el sistema MIR y el Estado del Bienestar, con acceso universal a la sanidad, han sido determinantes. La reducción de la mortalidad cardiovascular es así el resultado de un esfuerzo colectivo sostenido, reflejo del progreso científico y social, que ha salvado millones de vidas y que debe continuar.

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